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La Saga de la Isla Urbana es la primera aventura oficial de los Piratas de la Brisa Marina cuyo principal objetivo será rescatar a Monkey D. Keni de las garras del Capitán Dunford. Esta saga antecede a Página negra en la Bitácora: Grand Line

Argumento

El principal objetivo de esta Saga es rescatar a Monkey D. Keni hermano de Portgas D. Juan de las garras del Capitán Marine: Dunford. En medio de esta misión, los Piratas de la Brisa Marina, tendrán que enfrentar de frente a una revelión de gran parte de los marines a dicho capitán

Personajes

Principales

Segundarios

Antagonistas

Historia

La Elección del Capitán.

Todos los miembros de la tripulación se quedaron atónitos al pensar en la idea de que Caballero se convirtiera en el capitán de la banda.

- ¡¿Cómo vas a ser tú el capitán de la banda!? -exclamaron al mismo tiempo Juan y Maxilis con expresión de sorpresa-.

- No le veo sentido - protestó Camille sin intención de apoyar la idea de ser capitaneada por aquel bribón-.

Tras la queja de los bucaneros, un silencio casi sepulcral invadió el barco sin intención de removerse, las tranquilas olas del mar sacudian con fuerza el acantilado cercano siendo el único factor que quebrava el absoluto silencio. 

- De acuerdo -añadió Alan convincente-.

- ¡¿QUÉ!? -preguntaron sorprendidos los demás miembros-.

- Tranquilos -contestó con intención tranquilizadora Alan- le elegiremos capitán solo por ahora, es solo una apuesta de futuro.

La tensión aumentó en el barco y Caballero erguía la cabeza orgulloso de su nuevo cargo.

- ¿Habéis ojeado el periódico de hoy? -preguntó Caballero con el fin de desquebrejar la tensión-.

- No -respondió Maxilis- ¿aparece alguna noticia interesante?

- Especialmente interesante -corrigió Caballero- creo que a Juan debería interesarle más que a ningún otro de nosotros.

- ¿A mi? ¿por qué motivo? -preguntó asustado Juan-.

- Échale un vistazo.

Mediante un burdo movimiento, Caballero le tiró el periódico a Juan que lo cogió al instante demostrando árduos reflejos. Tras leerlo, otro incómodo silencio se podía respirar en el tedioso barco, Juan se había quedado perplejo y con una preocupante expresión de sorpresa y temor.

- ¡¿Qué ocurre!? -Preguntó Camille con una picante curiosidad-

- Es mi hermano Keni... -afirmó Juan sin quitar la atónita expresión de su cara- tenemos que ir a rescatarle, los Marines de una isla cercana le han capturado y parece que tienen intención de ejecutarle.

- Será muy peligroso... todavía no dominamos del todo bien nuestros poderes -añadió Alan haciendo un llamamiento a la cordura-.

- Es mi hermano, tengo que rescatarle cueste lo que cueste -afirmó con convinción Juan-.

- Veamos... el periódico afirma que tu hermano se encuentra en la Isla Urbana -confirmó Caballero- si mal no recuerdo, esa isla está a varias millas de aquí, tenemos que ponernos en marcha antes de que los marines nos tomen la delantera.

Hacía la Isla Urbana

El barco Furia Marina navegaba con firmeza por las calmadas aguas del East Blue en busca de algún indicio sobre la buscada Isla Urbana.

De repente e inesperadamente, Alan divisó un enorme barco justo a unas millas de su localización, sorprendentemente, en la proa del barco se podía distinguir a lo lejos la insignia de la Marina. 

- ¡Peligro! ¡Peligro! -exclamó Alan- ¡Hay un barco de la Marina a solo unas millas de aquí!

- ¡¿QUÉ!? -contestaron a la vez todos los miembros de la tripulación-.

- Tranquilos -dijo Caballero con tono tranquilizador- esto es una buena oportunidad para sacarles información sobre el paradero de Keni.

- Caballero tiene razón -afirmó Juan con la esperanza de encontrar a su hermano- ¡Tenemos que alcanzarlos como sea!

- ¡Sagitaurus! ¡prepara el timón, hay que alcanzarlos cuanto antes! -exclamó Maxilis dirigiéndose al enorme monstruo de metal-.

- Sinceramente, no creo que les alcancemos, su barco parece mucho mejor preparado que el nuestro -afirmó Camilie con un frío tono-.

- ¡¿Cómo que mejor preparado!? -preguntó Sagitaurus con un tono de enfado-.

- ¡Dejaos de tonterías y levar anclas de una vez, a este paso nunca rescataremos a mi hermano! -exclamó Juan, mientras expresaba su desenfreno pateando un barril de sake-.

Finalizada la conversación, Sagitaurus dirigió con convicción el barco con el fin de alcanzar a los Marines que por suerte no se habían dado cuenta de que estaban siendo atacados.

¡¡¡¡BOOM!!!!, una bala de cañón fue disparada directo al barco con la insignia de la Marina, el grandioso barco se veía en apuros y se tambaleaba en las calmadas aguas del East Blue.

Los marines abordo prepararon sus cañones frenéticamente y se dispusieron a disparar contra el Furia Marina.

- ¡Cuidado, van a disparar! -exclamó Juan preocupado-

- ¡Maxilis, ven, rápido! -comentó Alan precipitado-

- ¿Qué quieres? -respondió Maxilis con incertidumbre-.

- ¡Hay que impedir que nos disparen, tenemos que derrotar a los Marines antes de que enciendan la mecha de los cañones! 

Alan rápidamente utilizó el poder de su poderosa Fruta del Diablo para elevar con fuertes raíces a Maxilis que preparaba un contundente golpe para derrotar a los Marines a apenas unos centímetros del barco.

- ¡¡¡¡RÁFAGA MARINA!!!! -gritó Maxilis con expresión de desenfreno-

Muchos de los marines de abordo se vieron envueltos en una espiral de puños acuáticos que termino con la derrota de muchos de ellos.

Una gran parte de supervivientes al golpe del Gyojin desenfundaron una gran escalera de madera que consiguieron alcanzar al Furia Marina, haciendo que los dos barcos estuvieran conectados.

Camilie sacó su poderosos rifle y desde la distancia disparó a varios de los Marines que desenfrenados y con armas de corta distancia en mano cayeron al océano perdiéndose en la inmensidad de este.

Caballero aprovechó la ocasión para, con paso firme, avanzar por la escalera de madera hacía al barco marine, con sutiles movimientos, este empezó a absorber oxígeno y con una brutal entonación pronunció:

- ¡¡¡¡ALIENTO DE FUEGO!!!!! 

Casi todos los Marines quedaron calcinados con la potente ráfaga ardiente del actual capitán de la banda, solo algunos quedaron de pié tras el importante impacto de este pero por poco tiempo ya que imprevisiblemente Juan dio un enorme salto y con expresión impasible pronunció mientras dejaba al barco absolutamente echo cenizas:

- ¡¡¡¡FIRE CAPRICORN!!!!

Solo los pedazos de madera quedaron flotando en las aguas del East Blue junto con una gran cantidad de soldados derrotados.

- Bueno, parece que derrotamos a todos -comentó con inocente cara Caballero-.

- ¡Mirad! -exclamó Alan- ¡Parece un mapa!

- ¿El qué? -comentó Camilie-

- ¡Eso de allí, al lado del acantilado! 

- Yo también lo veo -afirmó Maxilis- voy a cogerlo.

Acto seguido, Maxilis se tiró al agua y mediante rápidos movimientos consiguió llegar con extrema facilidad al lugar en donde Alan afirmaba ver el mapa, tras comprobar que era un mapa, Maxilis volvió a dirigirse al barco y le enseñó el pedazo de papel empapado a todos.

- ¿Veis? al final si que era un mapa -dijo Alan orgulloso-

- Tienes buena vista, parece -le felicitó Caballero- veamos... parece ser un mapa de la Isla Urbana.

- ¿De veras? -preguntó con asombro Sagitaurus que acababa de salir de la sala del timón-

- Y esto de aquí.... -añadió Caballero-

- ¿¡Esto de aquí qué!? -pregunto impulsivo Juan-

- Esto de aquí marcado con una cruz parece ser el lugar en donde tienen encerrado a tu hermano.

Núcleo de la Isla Urbana

La noticia sorprendió a todos los miembros de la tripulación que bendecían su suerte por haber encontrado dicho mapa, Juan se encontraba más entusiasmado que nunca y con expresión esperanzadora gritó:

- ¡¿A qué diantres esperamos entonces!? ¡Vayamos a la Isla Urbana cuanto antes!

El grito de Juan hizo que los miembros de la tripulación adquirieran una personalidad seria y convencida.

- ¡Vayamos entonces! -gritó Sagitaurus con voz mecanizada-.

- ¡¡¡VAMOS!!! -dijeron todos al mismo tiempo- ¡¡¡A RESCATAR A KENI!!!

El viento soplaba tranquilo y la dulce brisa empapaba de entusiasmo la enajenada banda dispuesta a todo para recatar a Keni. 

Pasada media hora desde el furtivo encuentro armado con el barco Marine, al fin, divisaron una Isla a varias millas de su localización, esta era una isla abundantemente habitada, con muchas casas pueblerinas y con simple estética de fachada. En lo alto de la isla se podía observar el campamento base donde una flota de la Marina junto con Keni, se encontraba.

- ¡Mirad, parece que ya llegamos a la isla! -exclamó Alan-.

- Ya era hora... estaba empezando a aburrirme -comentó Camilie mientras bostezaba abiertamente-.

- Parece que por fin comienza la batalla... -añadió Maxilis mientras chocaba ambos puños con fuerza- 

Disimuladamente fueron al puerto de la Isla y desembarcaron cuando nadie los veía. Debido a que Sagitaurus era demasiado grande le taparon con una gran sábana blanca haciéndole pasar por mercancía.

Intentando pasar desapercibidos, los piratas de la Brisa Marina avanzaron por la poblada ciudad siendo el núcleo de las habladurías de los habitantes que, ya sospechaban que se trataban de bucaneros.

En un intento desesperado por evitar las miradas de los furiosos habitantes, se metieron en una taberna dejando fuera a Sagitaurus debido a su gran tamaño.

Al entrar se dirigieron directamente a la barra:

- Buenas forasteros ¿qué queréis que os ponga? -preguntó el camarero con una expresión asustadiza-.

- ¡Sake! ¡Sake para todos! -exclamó Maxilis con devoción-.

. Claro... marchando -confirmó el camarero aún asustado por el echo de tratar con bucaneros-.

De repente la puerta de la taberna fue derribada fuertemente de una patada y acto seguido un grupo de bucaneros entraron ferozmente con aires de superioridad.

- Vaya, vaya, vaya -dijo el capitán de estos- ¡Qué tenemos aquí! ¡Basura por donde mires!

El comentario del arrogante capitán provocó la risa de sus subordinados y la represión de los ciudadanos de a pié que tranquilamente estaban sentados en las mesas de la taberna.

Rápidamente, el capitán y sus malolientes hombres llegaron a la barra y de un fuerte golpe derribaron a Alan

- ¡El sake es nuestro, basura! -añadió el antipático capitán- tú, -dirigiéndose al camarero- ¡saca todos los barriles que tengas de sake!

- Sí...marchando... -tartamudeó el asustadizo camarero-.

De repente cuando el camarero sacaba todos los barriles llenos de sake que almacenaba, un estruendo golpe rompió toda la parte lateral del bar, entre el polvo levantado por dicho golpe, se podía entrever la silueta de Sagitaurus que con tono enfurecido se dirigió hacia los asaltantes y con violentos pero fructíferos golpes los derrotó a todos dejándolos malheridos y tumbados en el suelo lamentándose de haber ido a atracar esa taberna.

- ¿Estáis todos bien? -preguntó con todavía tono enfurecido Sagitaurus-.

- Sí... -contestó Camilie aún impresionada por la fuerza del ciborg-.

Acto seguido y sin dejar ni siquiera un respiro, se escuchó fuera de la taberna la movilización de un colectivo relevante de personas, que con pasos decididos habían rodeado el local.

- ¡Los Marines se han movilizado! -dijo un aldeano de a pié al ver a todos los blancos soldados armados frente al bar-.

Persecución de la Marina

Era una situación complicada para los Piratas de la Brisa Marina, cientos de soldados Marines habían sido mandados a investigar sobre el revuelo de la taberna y tenían ordenes estrictas para eliminar a los piratas desembarcados por la mañana en la ciudad.

- ¡¿Qué hacemos!? -preguntó angustioso Juan- a este paso nos capturarán y tendremos el mismo destino que mi hermano.

- No os preocupéis -asintió Caballero- solo tenemos que elaborar un buen plan de escape.

- Creo que en eso os puedo ayudar -comentó Sagitaurus- mi mente fue modificada tecnológicamente y puedo calcular mucho mejor que cualquiera las probabilidades de huida, lo que he podido observar en mi estancia aquí, es que hay una salida de emergencia oculta detrás de la barra ¿no es cierto camarero?.

-Sí... es cierto -afirmó asustado-

- ¡A qué esperamos entonces para irnos de aquí! -exclamó Alan- ¡Los Marines están apunto de entrar!

Rápidamente corrieron hacía la puerta de emergencia y lograron salir al exterior donde les esperaba un pequeño grupo de Marines armados.

- ¡¡¡¡AOKIGAHARA!!!! -gritó Alan, mientras cientos de ramas veloces golpeaban al grupo de Marines dejándoles inconscientes-

- ¡Bien echo! -dijo Maxilis-.

- Ahora que estamos a salvo, creo que la decisión más acertada sería dividirnos en dos grupos para evitar así que nos atrapen fácilmente -añadió Camilie con sensatez-.

- Ella tiene razón -confirmó Juan- si queremos rescatar a mi hermano tendremos que ser inteligentes y elaborar planes con sentido común.

- Muy bien, como soy el capitán, creo que es lo más justo que elija los grupos -comentó Caballero-.

- Hmmm... estoy de acuerdo -confirmó Sagitaurus-.

- Bien, yo iré con Juan y Sagitaurus -organizó Caballero mientras meditaba- y Alan, Maxilis y Camilie irán en otro grupo.

Grupo A

Caballero, Juan y Sagitaurus se dirigieron por el camino izquierdo de la poblada ciudad, mientras caminaban, oían los contundentes pasos de una orda de soldados marines que armados, les perseguían.

- Creo que nos persiguen -comentó Juan con inocente tono-.

- ¿De veras? -contestó Caballero con tono irónico-.

- Creo que deberíamos escondernos en este pequeño bosque, a este paso los marines nos avistarán -Afirmó Sagitaurus con prudencia-.

Los tres piratas se refugiaron en el oscuro bosque en donde habitaban numerosos pájaros que, asustados por el movimiento marine, se habían acurrucado en las arboledas.

- Aquí estamos bien -comentó con tono tranquilizador Sagitaurus- si no nos movemos de aquí mientras revisan el bosque, creo que podremos despistarlos.

- ¡Me niego a permanecer escondido! -exclamó Caballero con enfado- ¡Ya basta de cobardías!

De repente e imprevisiblemente, Caballero salió del matorral donde estaban escondidos y salió al camino donde una orda de marines ansiosos le esperaban.

- ¡¿A donde vas inconsciente!? -preguntó preocupado Sagitaurus, mientras salía del matorral junto con Juan-

Al salir al camino precipitado, Caballero se encontró con los ansiosos marines y con rápidos movimientos alzó sus manos y pronunció:

- ¡¡¡GARRAS ELÉCTRICAS!!! 

Mediante rápidos y constantes movimientos, consiguió electrocutar con su poderoso ataque a varios marines.

- ¡A la carga! -gritó el que parecía estar al mando del pelotón-.

Casi todos los soldados se abalanzaron hacía el desprevenido Caballero que no les había visto venir. 

- ¡¡¡ONDA MORTÍFERA!!! -gritó desde el fondo Juan, lanzando su poderoso magma en forma de equis, quitando de encima a los marines de Caballero- ¿Estás bien? 

- Sí... -afirmó Caballero ligeramente herido por las espadas de estos-.

- Te dijimos que era mejor no salir al exterior, idiota -advirtió Sagitaurus con furia, mientras soltaba a un malherido marine posándose sobre una montaña de estos derrotados-

- ¡¿Cómo me has llamado!? -contestó Caballero furioso-.

- ¡Idiota! -volvió a afirmar Sagitaurus con tono despectivo- ¡Y te lo repetiría más de mil veces si fuera necesario hasta que te enteraras!

- Tranquilizaros los dos... así no llegaremos a ningún sitio -contestó Juan en un acertado intento de calmarlos-.

De repente y antes de que terminaran la conversación, unos mecanizados pasos se acercaron hacía el camino donde se encontraban.

- ¿Qué es eso? ¿lo oís? -preguntó Sagitaurus mientras giraba la cabeza donde se oían los pasos-.

- Tú oído debe estar estrafiado por tanta tecnología, yo no oigo nada -contestó Caballero con tono picaresco-.

- ¿Quieres pelea, idiota?

- ¡CALMA! -gritó Juan volviendo a intentar calmarlos-.

Las miradas llenas de odio de ambos camaradas se cruzaron en un intento evasivo de detener la disputa.

Los metalizados pasos cada vez eran más próximos y precipitadamente se acercaban más y más a la parte del camino.

- ¡Ahora si los oigo! -exclamó sorprendido Caballero-.

Tras la exclamación de este, un misterioso ser metalizado apareció ante los tres piratas, quedando francamente sorprendidos.

- ¡¿Qué diablos es eso!? -preguntó atemorizado Juan-.

- Bot...bot...bot... actualizando información... actualizando información... "operación captura de piratas" iniciada, "operación captura de piratas" iniciada... bot... bot... bot...

- Esto es peligroso... -afirmó Sagitaurus- viendo su apariencia creo que es uno de los MarineBot perteneciente al pelotón tecnológico de la Marina.

- ¿MarineBot? -preguntó extrañado Caballero-.

- ¡Ra ta ta ta ta ta ta ta! -el MarineBot sacó de los hombros dos ametralladoras con las que disparó a los tres piratas-.

¡Clin, clin, clin! -las balas rebotaron en el tecnológico cuerpo de Sagitaurus-

Aprovechando la distracción de la máquina, Juan se escabulló colocándose detrás del MarineBot.

- ¡¡¡TORNADO DE FUEGO!!! 

La espiral de fuego embolbió a la inerte máquina entre humo y ceniza. 

- ¡¡¡ALIENTO DE FUEGO!!! -exclamó Caballero, lanzando un fogonazo a la ya creada esfera ardiente alrededor del MarineBot- Creo que ya está.

- ¡Lo vencimos! -exclamó Juan-.

- No os confiéis, los MarineBot son ciborg especialmente capaces -corrigió Sagitaurus- fueron creados hace varios años por el científico de la Marina Caesar Clown 

Tras extenderse la esfera de humo creada debido al fuego, se pudo entrever entre el polvo al maquinado MarineBot sin ningún tipo de herida ni quemadura.

- Lo que me temía... -se lamentó Sagitaurus- el MarineBot es inmune al fuego.

Imprevisiblemente, el MarineBot se abalanzó sobre Sagitaurus, golpeando a la tecnológica máquina y mandándola por los aires. Acto seguido de sus brazos sacó dos lanzallamas quemando completamente el bosque en el que se encontraban.

Juan y Caballero se taparon la boca para evitar respirar el humo.

- ¡¿Qué hacemos!? -preguntó nervioso Juan-.

- Lo único que podemos hacer es seguir atacándole -afirmó Caballero-.

- Pero a este paso el fuego se expandirá y nos quedaremos encerrados en el bosque -dijo preocupado Juan-.

- ¡No pienso volver a huir! -exclamó con firmeza Caballero mientras se abalanzaba sobre el MarineBot-.

- ¡ESTATE QUIETO IDIOTA! -gritó Sagitaurus mientras se apoyaba en un árbol malherido-.

El MarineBot apartó de un manotazo a Caballero, que salió dispersado perdiéndose en la espesura del bosque.

Sagitaurus dirigió su mirada hacia el bosque ardiente sin esperanzas de que Caballero seguía aún vivo. Acto seguido, volvió a dirigir la mirada hacía el MarineBot y en su nuca, vio un agujero que, mediante su mejorada vista logro visualizar.

- ¡El MarineBot tiene un punto débil! -afirmó con optimismo-. 

- ¡¿Donde!? -preguntó asombrado Juan entre las ardientes llamas que cubrían el bosque-.

- ¡En la nuca! 

Juan sin pensárselo un segundo avanzó hacía el monstruo metálico con el fin de llegar a su nuca, mediante ágiles movimientos consiguió llegar a este e intentó atacarle, pero la bestia mecánica se resistía y le disparó sin piedad, consiguiendo herirle en ambas piernas y un brazo.

- ¡¡¡FIRE CAPRICORN!!! -gritó casi inconsciente-

El MarineBot volvió a sumirse en una espiral de humo provocada por el fuego e imprevisiblemente, Caballero apareció justo en el momento preciso, adentrándose en la esfera repleta de humo y suministrándole un golpe mortal en la nuca utilizando el poder de sus garras eléctricas.

El robot quedó inmovilizado e impasible añadió con su monótona voz de fábrica:

- Bot... bot... bot... sistema base dañado... sistema base dañ..... 

Antes de que pudiera terminar la frase, la luz que asomaba en su cabeza se apagó quedando totalmente destruido en su interior.

- ¿Estáis todos bien? -preguntó Sagitaurus mientras se erguía-

- Sí.. creo -contestó Juan mientras se taponaba las heridas de bala-

- Dejémonos de quejarnos de nuestras heridas, hay que seguir para rescatar a tu hermano -afirmó Caballero con certeza-.

- Pero... 

- ¡Nada de escusas! ¡En marcha! 

El primer grupo de los Piratas de la Brisa Marina, avanzó por el sendero del ardiente bosque hasta que consiguieron salir de este, encontrando algo que sinceramente no esperaban...

Grupo B

Tras tomar la decisión de separarse, Alan, Maxilis y Camilie se dirigieron por el camino derecho de la poblada ciudad, lentamente caminaban por el creciente núcleo, donde las tabernas, los puertos y los pequeños negocios de ventas abundaban, para pasar desapercibidos entre toda la muchedumbre, se disfrazaron de viajeros perdidos.

- ¡¿No creéis que la idea de llevar bigote postizo ya es demasiado!? -preguntó Maxilis disgustado- esta cosa me queda realmente horrible.

- Deja de quejarte -comentó mientras sonreía Alan- tenemos que intentar llegar a la base de la Marina antes de que nos topemos de nuevo con un grupo de soldados marines.

- Alan tiene razón -interrumpió Camilie- si queremos salvar a Keni, debemos ser rápidos y sigilosos, no creo que sea fácil llegar a la base de la Marina, eso debe estar muy protegido.

- Intentaremos tomar un atajo -comentó Alan mientras le daba un trago al sake- ¿queréis?

- ¿Si queremos qué, tomar un atajo o sake? -preguntó desconcertado Maxilis-.

- Ambas cosas supongo -respondió sonriente Alan-

- Sake sí, gracias -afirmó Camilie mientras le quitaba la botella a Alan-

- Oye... -tartamudeó Alan con expresión de queja-

- Y respecto al atajo... -contestó mientras bebía- creo que es buena idea, deberíamos hacerlo, siempre es más recomendable evitar los núcleos urbanos.

- Creo que lo más sensato sería ir por la ruta de la justicia -dijo convencido Maxilis-.

- ¿La ruta de la justicia? -preguntó con curiosidad Camilie-.

- Sí, he preguntado a varios ciudadanos de a pié y me han dicho que la manera más rápida de llegar al cuartel es por la ruta de la justicia, solo que hay un pequeño inconveniente...

- ¿Cual? 

- Que por allí siempre rondan varios pelotones marines con intención de acechar a algún individuo sospechoso.

- Entonces prefiero que no vayamos por allí -contestó ella con prudencia- hay que evitar al margen cualquier tipo de conflicto, llamaríamos demasiado la atención.

- Discrepo -añadió Alan con cortesía- si queremos rescatar al hermano de Juan, hay que arriesgarse.

- Puede que tengas razón pero...

- No valen los peros ahora, Camilie -replicó Alan- nos jugamos la vida de una persona.

- No se hable más, vayamos a la ruta de la justicia -añadió Maxilis disipando la disputa-.

Tras una breve pero intensa caminata, los tres piratas lograron llegar a la famosa ruta de la justicia, al ponerse delante de esta, se daron cuenta, que al contrario que toda la ciudad, esa ruta se encontraba vacía, estrecha y sin movimiento urbano alguno.

- ¿Seguro que es aquí? -preguntó Alan-.

- Sí, es aquí -contestó afirmando Maxilis-.

- Tengo una mala sensación sobre esto... -mencionó Camilie mientras observaba el estrecho callejón-.

Al fin, entraron en la lúgubre calle y lo primero que encontraron, aparte de varias telarañas y diminutos animales rondando fue, un letrero en medio de la sucia fachada en el que con una horrible ortografía decía: "Solo para personal autorizado".

Tras avanzar varios pasos, un extraño pitido sonó. Acto seguido, miles de rayos rojos iluminaron el pasadizo atravesando a los piratas.

- ¡Diantres, es un sensor de infrarrojos! -exclamó Maxilis-.

- ¡Por algo entrar aquí me parecía mala idea! -contesto Camilie-.

De repente, una extraña voz mecanizada proveniente de los suburbios pronunció:

- Intrusos, intrusos, intrusos....

- Un momento... -comentó Camilie preocupada- esto lo he visto... ¡APARTAD RÁPIDO!

¡¡¡¡BOOM!!!! ¡¡¡¡BOOM!!!! ¡¡¡¡BOOOOM!!!!

Sin tener tiempo ni siquiera a reaccionar, tres bombas de alta concentración nuclear explotaron justo en el pasadizo, levantando una nube de humo aparentemente contaminante.

Tras disiparse el humo, se pudo entrever unas extrañas raíces formando un caparazón protector en un lado del pasadizo.

-¡¡¡SHERUTSURI!!! -exclamó Alan, mientras de sus brazos salían miles de raíces disparadas formando un caparazón- esta vez, nos hemos salvado de milagro.

- La próxima vez... creo que deberíais hacerme caso... -añadió preocupada Camilie, dentro del arraigado caparazón-.

- Parece que realmente era peligroso... -comentó irónico Maxilis, mientras se mantenía suspendido en el aire gracias a su Ataque Giratorio- esquivé las bombas por los pelos.

Inesperadamente, varios rítmicos pasos se acercaron con alto nivel de velocidad al estrecho callejón donde se encontraban.

- Parece que unos intrusos activaron el sistema de seguridad -añadió uno de los hombres-.

- Intentad capturarles antes de que escapen -añadió otro-.

Las tropas de lo que posiblemente eran marines, avanzaban sin temor al humo provocado por la inevitable explosión, colocándose a apenas unos metros de los agobiados piratas.

- ¡¿Quienes sois!? -preguntó Alan ansioso-

Antes de que nadie le contestara, tres silenciosos disparos acertaron en la nuca de cada uno de los tres piratas, qué cayeron inconscientes al momento.

...

El silencio reinaba en el pacífico lugar en el que se encontraban... los pájaros cantaban una canción de cuna, que adormecía a las más furiosas fieras... el sol mandaba rayos intermitentes a las pupilas de estos, obligandoles a abrir los ojos lentamente... tras hacerlo, los tres valientes piratas pudieron observar un escenario realmente crudo, miles de marines estaban plantados en lo que parecía ser una enorme plaza, en el fondo, parecía haber una horda de máquinas del futuro en cuyo torso se podía ver algunas letras sueltas... "MarineBot".

Tras analizar el paisaje que les rodeaba, se dispusieron a analizar su situación personal, al mirar debajo suya, pudieron entender con facilidad que estaban amarrados con duras cuerdas que mullían con dureza los músculos.

Todo apuntaba a que en el solitario callejón, un pelotón de soldados marines les había capturado con dardos tranquilizantes y sin remordimiento alguno, les habían atado a una plaza en donde, no hacía falta ser demasiado intelectual para saber que les iban a ejecutar.

- Donde... ¡¿Donde demonios estamos!? -preguntó furioso Maxilis-.

- ¿Acaso no es evidente? -respondió burlona Camilie-.

- Nos capturaron... -se lamentó Alan mientras maldecía su suerte-.

- ¡¡SOLTADNOS INMEDIATAMENTE!! -gritó Maxilis precipitado, a la muchedumbre estancada en la plaza que sin expresiones faciales algunas, les observaba-.

- Mientras más nervioso te pongas, peor será para ti -le advirtió Camilie- hay que pensar fríamente alguna estrategia para salir de aquí.

- ¿Salir de aquí? -preguntó una misteriosa voz que salía directamente detrás de los amarrados piratas-.

- ¿Qué ha sido eso? -preguntó preocupada Camilie-.

- ¿Quien está ahí? -preguntó desafiante Alan-.

- Vamos, vamos... no os precipitéis, al fin y al cabo, no creo que salgáis vivos de esta -volvió a decir la misteriosa voz ,proveniente del fondo de la plataforma de ejecución- si estáis en esta situación es por que sois unos sucios bucaneros y como todo el mundo que ame la paz como yo sabe, los piratas deben extinguirse para así alcanzar la serenidad en el mundo.

- ¡Muestrate! -exclamó con furia Camilie-.

Para su sorpresa, una encallada mano la rozó el rostro con suavidad mientras susurraba:

- ¿Tanto deseas verme?

¡NO ME TOQUES MALDI...! -exclamó Camilie sin poder terminar su frase debido a que la sudorosa mano la había tapado violentamente la boca-.

- ¡DÉJALA EN PAZ! -gritó Maxilis sofocado-.

- Vaya... qué tenemos aquí... pero si es Maxilis "Puño Marino" y Alan, de la banda de los Piratas de la Brisa Marina -afirmó mientras en su rostro esbozaba una malévola sonrisa- me presentaré, me gusta que mis víctimas recuerden el nombre de su ejecutor antes de su muerte, me llamo Dunford, muchos me conocen como "El Extintor" aún que ese mote ya se convirtió en mito, soy un capitán marine y el encargado de esta base, aquí, en la Isla Urbana.

- Dunford "El Extintor"... -pronunció Alan pensativo- ¡No puede ser!

- ¿Qué pasa Alan? -preguntó preocupado Maxilis-.

- Dunford "El Extintor" fue un malvado pirata del que se dice que gobernó el East Blue hace relativamente poco tiempo.

- ¡¿Gobernar el East Blue!? -exclamó sorprendido Maxilis- ¿me estás diciendo que gobernó uno de los cuatro mares?

- En efectivo... -afirmó Alan- Dunford controló durante mucho tiempo la venta de productos y más necesidades básicas mediante una astuta y preparada red de tráfico ilegal, mucha de la comida y bebida del East Blue era de su propiedad y solo la repartía a los que se hacían pasar como aliados de su fría banda pirata, es un ser despreciable...

- Pero entonces... ¡¿Cómo es que se convirtió en marine!? -volvió a preguntar Maxilis-.

- No lo sé... -comentó insatisfecho Alan mientras sus palabras quedaban suspendidas en el ambiente-.

- ¡Señor Dunford! -exclamó preocupado un raso soldado marine-.

- Dime... espero que sea importante, estaba hablando con mis nuevos amigos, jeje. -contestó con su maléfica sonrisa-.

- El bosque en donde mandamos a un MarineBot para capturar a esos fugitivos piratas ha sido incendiado.

- ¡¿Cómo!? -exclamó preocupado mientras dirigía su mirada al cercano bosque aún en llamas-. Un momento... parece que algo está saliendo del bosque... ¡mira, rápido idiota! 

- ¡Sí... sí señor! -exclamó asustado el marine mientras también dirigía su mirada al bosque- parece que tres personas están saliendo... 

Batalla a tres bandos

Las personas que tan precipitadamente estaban saliendo del ardiente bosque, no eran otras que lo que parecía ser la salvación del Grupo B, Sagitaurus, Caballero y Juan se tornaban aún cansados y heridos debido a su batalla contra el MarineBot, pero en sus rostros permanecía la ardiente esperanza de salvar a sus compañeros aún atados.

- Parece que tenemos un problema -comentó Juan mientras echaba un vistazo a la plagada plaza-.

- Hay como 500 marines estancados en esta enorme plaza y detrás de ellos una horda de MarineBots -añadió Sagitaurus con preocupación-.

- ¿A qué esperamos para atacar? -preguntó ansioso Caballero-.

- ¡¿Atacar!? ¿acaso estás loco? -respondió con expresión de cordura Sagitaurus-.

- ¡Si no atacamos nosotros nos atacaran ellos! -exclamó nervioso Caballero-.

De repente y volviendo a la plataforma de ejecución en donde Alan, Maxilis y Camilie se encontraban...

- ¡¡¡ATACAD!!! -gritó el aforoso capitán marine Dunford, con expresión de enfado- 

Al instante, el gigantesco ejercito de la marine se dispuso a avanzar hacía los tres heridos piratas que preocupados, pero con honor, se disponían a hacer frente a dicha batalla.

- Creo que se equivocan bastante si se creen que solo somos tres -añadió confiado Caballero-

- ¿A qué te refieres? -preguntó Juan-.

- ¡¡¡BESTIA ELECTRICA!!! -gritó Caballero mientras una copia totalmente idéntica a él, se desprendía de su cuerpo repleta de electricidad estática- ¡A por ellos!

El electrizante ser avanzó contra el batallón de tropas en un intento desesperado por reducir las bajas marines.

- ¡Ahora, Juan, Caballero, vamos! -exclamó Sagitaurus mientras agarraba a sus compañeros-

- ¡¿Qué haces!? ¡Suéltame! -gritó Caballero-.

- Debemos situarnos en un lugar más protegido si queremos sobrevivir a esta batalla -dijo Sagitaurus sin parar de correr-

- No nos dará tiempo a llegar a ningún sitio, los marines nos pisan los pies -comentó Juan girando su vista atrás-.

- Eso tiene fácil arreglo -afirmó Sagitaurus mientras lanzaba dos potentes granadas que estallaron desmembrando a un pequeño pelotón de marines-.

- No será tan fácil atraparnos -añadió Juan mientras pronunciaba y creaba a su vez una potente barrera ardiente- ¡¡¡PANTALLA DE FUEGO!!!

Los marines se detuvieron al ver la poderosa defensa formada, el clon de Caballero fue claramente aplastado por el numeroso ejercito y los tres piratas quedaron atrapados en la barrera rodeados del gigantesco ejercito, sin energías para seguir con la batalla.

- Es el fin... nos atraparon -comentó con desdén Caballero- aún que me cueste admitirlo es el momento de rendirse.

- Cuando se derrumbe la barrera de fuego de Juan, nos atraparán -se lamentó Sagitaurus- me parece que nuestro camino como piratas ha llegado a su fin.

- ¡¿Qué decis!? ¡¿os estáis rindiendo de verdad!? ¡¿creéis que voy a dejad a mi hermano en manos de esos bárbaros!? -gritó Juan desesperado mientras apenas se notaba la fuerza que postraba para impedir que se le derramaran las lagrimas-.

La barrera ardiente cada vez se debilitaba más con los insistentes ataques a presión de los marines.

- Estamos en grave peligro... -afirmó con lamento Alan mientras trataba de forzar las esposas de kairouseki que le impedian utilizar el poder de su Fruta del Diablo-.

- No podrán resistir a los marines... -confirmó Camilie con tono cabizbajo-.

- ¿Hasta ahora os dais cuenta de que la esperanza se acabó para vosotros? -contestó Dunford, sin desembozar la maliciosa sonrisa que le caracterizaba-.

- No todo está perdido... aún hay esperanza -contradijo Maxilis-.

Dunford miró con ira al gyojin debido al comentario y sin pensarlo le asestó un golpe en la tripa.

- ¡A ver si así aprendes a callarte maldito pez!

Inesperadamente y mediante un rápido movimiento, una espada atravesó el musculoso torso del capitán Dunford quedando altamente sorprendido.

- ¡¿Qué... QUÉ DIABLOS!?

- Ya basta de su tiranía, capitán... -susurró una inesperada voz desde detrás del imponente capitán-. 

- Maldito... ¡¿Cómo te atreves a traicionar a tu capitán, recluta estúpido!? -le gritó el capitán con una ardua expresión de ira-.

El capitán calló de rodillas a la plataforma mientras expulsaba pequeñas cantidades de sangre, los tres piratas se quedaron atónitos debido a la inedita traición de un raso soldado marine que, con valentía, había atravesado a su superior.

- Ya basta de sus malos tratos capitán -discutió este- llevamos tres años a su servicio y lo único que ha echo es tratarnos con desprecio y crueldad.

- ¡Por favor, líberanos! -exclamó Maxilis- ¡Tenemos que ayudar a nuestros compañeros!

- Sois piratas... y como marine estoy en contra de la piratería, pero... actualmente seré tratado como un desertor así que... -murmuró el joven recluta mientras le arrebataba las llaves a Dunford, aún tumbado-

- ¡Por fin libres! -exclamó Alan mientras se preocupaba por el estado de Camilie-.

El marine traidor, se acercó al borde de la plataforma dispuesto a elaborar un discurso.

- ¡Soldados y reclutas marines! -dijo con firmeza- ¡Ya es hora de terminar con estos malos tratos! Dunford nos ha estado tratando como a ratas a todos desde que se le asignó como encargado de la base de la Isla Urbana ¡Me niego a permanecer callado hacía esta injusticia! ¡Luchad por la libertad y por la justicia! ¡Revelaros contra la maldad!

Antes de que pudiera terminar el discurso dirigido a los 500 marines atentos, estancados en la plaza, Dunford se levantó y apartó de un golpe a los tres piratas de la Brisa Marina, que también andaban encandilados con el discurso del joven marine al que sin remordimiento alguno, Dunford asesinó vilmente, haciendo que su cabeza rodara por la plataforma y su cuerpo inerte cayera al ahora teñido asfalto carmesí.

- ¡ESTO ES LO QUE LE PASA A LOS QUE SE REVELAN CONTRA LA JUSTICIA! -exclamó mediante gladiadores gritos desaforados Dunford-.

La plaza se tornó en silencio y lo único que parecía perturbarlo era el viento, que con violencia, agitaba la bandera del Gobierno Mundial clavada en lo alto de la base marine.

Instintivamente, muchos de los marines que estaban tratando de capturar a los piratas aún encerrados en la barrera ardiente, cambiaron su objetivo postrando sus miradas en el cruel capitán con objetivo de seguir el ejemplo del valiente soldado asesinado.

La otra parte de los marines, seguía siendo files a Dunford y en un acto de locura se dispusieron a enfrentarse al grupo de revelados provocando una lucha interna entre las fuerzas de la marina, convirtiendo la batalla en una lucha a tres bandos: Piratas de la Brisa Marina, Dunford y sus fieles y la Rebelión hacía el mismo.

Grupo A

El caos reinaba en la plaza inferior a la plataforma de ejecución, fieles y revelados marines se enfrentaban sin escrúpulos en una lucha a muerte, que poco a poco se fue convirtiendo en una carnicería. Sagitaurus, Juan y Caballero se encontraban indefensos, mientras vigilaban la cruda realidad con ojos de sorpresa.

- ¡¿Por qué se pelean!? -preguntó alterado Juan-.

- Está claro que la tiranía del tal Dunford ocasionó la rebelión de muchos soldados.. -afirmó Caballero-.

- Lo mejor que podemos hacer es ponernos a cubierto y dejad que se enfrenten entre ellos -confirmó convencido Sagitaurus-.

- ¡¿Qué dices!? -exclamó Juan enfadado- ¡¿Estás diciendo que les dejemos matarse entre ellos!?

- Nosotros no podemos parar la batalla, Juan -intentó tranquilizarle Caballero-.

- ¡Están muriendo personas! -volvió a exclamar angustiado por tal sufrimiento humano-.

- Creo que ahora mismo, lo mejor que podemos hacer es encargarnos de esa pila de MarineBots al fondo de la plaza -añadió desviando la conversación Sagitaurus-.

- ¡¿Cómo vamos a destruir todos esos MarineBots!? Son más de veinte y apenas pudimos vencer a uno -preguntó Caballero mientras pensaba una estrategia de batalla-.

- Tengo un plan, ¡seguidme! 

Tras la esperanzadora señal de Sagitaurus, Juan y Caballero le siguieron inconscientes aún, del plan de este.

La plaza se convirtió en una auténtica masacre, el suelo parecía teñido de un color asemejado al carmesí y los soldados marines agarraban sus armas con coraje, unos apoyando la rebelión y otros aborreciendola. 

Al final, los tres piratas atravesaron el crudo escenario y llegaron a donde los MarineBot todavía desactivados les esperaban. Estos, estaban perfectamente numerados del número uno al número veinte y en su pecho se podría entrever "MarineBot Serie X" dando entender que estaban numerados por series.

- Creo que este grupo de MarineBot son pertenecientes a la "Serie X" -confirmó Sagitaurus al ver sus marcas- según lo que he oído, la Serie X fue un desastre y todos los MarineBots creados fueron un fracaso tecnológico en toda regla.

- Tenemos que destruirlos antes de que se activen -añadió precipitado Juan-.

- No creo que lo hagan -afirmó Caballero- si nadie los activa no habrá problema.

De repente e imprevisiblemente, los MarineBot empezaron a activarse misteriosamente.

- ¡¿Con qué no se activaban verdad!? -preguntó enojado Juan- ¡¿Qué hacemos ahora!? 

- Lo primero que tienes que hacer es tranquilizarte -comentó Sagitaurus con el fin de calmar a Juan- es una serie defectuosa, no creo que tengamos problemas en destruirlos.

Bastó solo con decirlo para que los defectuosos ciborg empezaran a atacar sin control alguno en todas las direcciones con sus poderosas llamaradas.

- ¡A CUBIERTO! -gritó Caballero mientras se agachaba para evitar ser calcinado-.

Juan y Sagitaurus también se echaron al suelo como Caballero, mientras observaban como los fallidos ciborg se quemaban unos a otros sin control alguno.

- Ojala no fueran inmunes al fuego... si no ya muchos de ellos estarían ardiendo -comentó picaresco Juan-.

- ¡Hay que hacer algo! -exclamó Sagitaurus- destruirán toda la plaza si siguen expulsando fuego sin control.

- ¡Mirad allí! -dijo Caballero mientras señalaba un enorme bidón de agua a unos metros del escuadrón de maquinas-.

- ¿Qué le pasa al bidón? -preguntó Juan atónito-.

- Tengo un plan... ¡Sagitaurus tienes que ayudarme!

- ¿En qué necesitas mi ayuda? -contestó este-.

- Necesito que vayas a ese enorme bidón y que con tu fuerza lo derribes -dijo convencido-.

- ¿Para qué? -preguntó curioso-.

- ¡Tú solo hazlo! -exclamó Caballero-, Juan y yo mantendremos ocupados a los MarineBots.

- ¡¡¡IMPULSO INFERNAL!!! -gritó extasiado Juan mientras daba un enorme salto mortal disparando millones de diminutas llamas de fuego que solo despistaban a los ciborg debido a su capacidad ignífuga-.

Al mismo tiempo, Caballero se acercó a uno de ellos y con sutiles movimientos colocó sus brazos estirados en este mientras gritaba con impotencia: ¡¡¡ROMPESUELOS!!, tras esto, el monstruo cibernético fue derribado, cayéndose al suelo ahora despedazado.

Gracias a la distracción de los dos piratas, Sagitaurus fue capaz de llegar al lugar en el que se encontraba el bidón de agua, derribándole y hundiendo los pies de las maquinas en agua.

- Se acabó... -añadió Caballero mientras se acercaba al grupo de ciborg- ¡¡¡GARRAS ELÉCTRICAS!!! 

Caballero convirtió sus manos en poderosas armas electrizantes y mientras se agachaba, las colocaba en el agua que soportaba a los MarineBots, provocándoles al instante una electrocutación que acto seguido también provocó una enorme explosión por la cual, todos los soldados marines ocupados con la rebelión fueron tentados a mirar.

Los tres piratas salieron disparados por dicha explosión y tras varios minutos se recompusieron

- Bueno... parece que los derrotamos -afirmó Juan mientras observaba la chatarra en la que se habían convertido los MarineBots tras la electrocutante explosión-.

- Parece que sí... -comentó angustiado, pero con expresión victoriosa Caballero-.

- ¡Buen trabajo! -afirmó cansado Sagitaurus-.

Tras terminar, los tres piratas dirigieron su mirada a la plataforma de ejecución, en donde se encontraban sus compañeros.

- Parece que están en una batalla contra ese tal capitán Dunford -confirmó Juan-.

- Nosotros ya terminamos nuestro trabajo... -comentó volviendo a mostrar expresión de victoria Caballero-.

- Todavía nos queda un trabajo que hacer -le rectificó Sagitaurus-.

- ¿Cual? -preguntó curioso Juan-.

- ¿Acaso no es obvio? -respondió- iremos a rescatar a tu hermano Keni.

Grupo B

En la plataforma de ejecución reinaba por breves momentos un impoluto silencio, Alan, Maxilis y Camilie, se encontraban tirados en el suelo debido al golpe recibido por Dunford, antes de que este decapitara al marine traidor. 

- Ese maldito marine... -dijo con expresión de furia Dunford- ¡¡Por su culpa se formó todo este embrollo!!, mis súbditos están masacradose entre sí ¡MALDITA SEA!

- Si no les hubieras tratado tan mal estos tres años quizás no se hubieran rebelado -respondió con firmeza Alan mientras se incorporaba junto con Maxilis y Camilie-.

- ¡¿Cómo dices muchacho!? -preguntó rabioso Dunford mientras se aproximaba hacía Alan-.

- No te tengo miedo -pronunció alzando la cabeza con orgullo-.

- ¡¿No reconoces a la muerte cuando la ves, muchacho!? -añadió con tono amenazante mientras cada vez se acercaba más al pirata-.

- ¡ATRÁS! -exclamó imprevisiblemente Maxilis, poniéndose delante de Alan mientras pronunciaba ¡¡¡GOLPE MARINO!!!-.

Un puño acuático salió disparado hacía el furioso capitán que con facilidad evadió.

- Vaya, vaya, vaya... ¿así que por eso te llaman Maxilis "Puño Marino?

Imprevisiblemente, Dunford se dispuso ha acercarse al gyojin con una alta velocidad y mediante un rápido movimiento consiguió coger del cuello a Maxilis

- ¡¿Te crees más fuerte que yo maldito pez?! -exclamó el capitán mientras empotraba al gyojin contra el suelo, provocando una grieta en la plataforma-.

¡DÉJALE! -gritó Camilie mientras disparó a Dunford con su pistola de chispa-.

El improvisado ataque de Camilie fue detenido por el arrogante capitán, que se agachó para que el disparo diera en su metalizada barbilla.

- Niña estúpida... ¡¿crees que con eso vas a derrotarme!? -gritó mientras golpeaba la pistola de Camilie expulsándola de la plataforma- ¡Te voy a enseñar lo que es el poder!.

Dunford levantó su mano y la colocó justo para asestar un golpe a Camilie.

- ¡DETENTE! -exclamó desafiante Alan mientras golpeaba al capitán con tres fuertes raíces colisionadas- ¡¡¡MIE SHITEN!!!

Dunford salió dispersado por el golpe del pirata, quedando a un milímetro de caerse de la inestable plataforma.

- ¡¿Pero cómo te atreves!? -exclamó todavía más furioso-, no quería llegar a estos extremos con estos niñatos, pero no tengo otra opción...

Mientras se reincorporaba del golpe de Alan, Dunford empezó a extender sus vendas de su mano derecha dejando al descubierto un negro cañón incrustado en su mano.

- ¿Preparados? -preguntó con ironía mientras se ponía en posición de disparar con semejante arma de fuego-.

- ¡CUIDADO! -exclamó Maxilis alterado-.

¡¡¡BOOOM!!!, un potente sonido salió de la plataforma de ejecución, provocando eco en toda la plaza. Los tres piratas salieron disparados de la plataforma de ejecución cayendo heridos, debido al cañonazo del capitán,a los pies de esta.

El imponente ex-pirata, avanzó hacía el extremo de la ahora vacía plataforma y mirando con expresión de superioridad a los tres piratas, volvió a colocar su cañón en posición y... ¡¡¡BOOOM!!!, volvió a disparar, provocando otro estruendoso sonido.

- ¡¿QUÉ!? ¡¿AHORA YA NO TENÉIS NADA QUE AÑADIR VERDAD!? -dijo el capitán con un fuerte grito dirigido a lo que parecía ser un bloque de humo, provocado por el potente disparo-.

Al disiparse el bloque de humo, se pudo ver, en la inmensidad, un escudo de ramificaciones arbóreas.

- ¿Creías que nos darías dos veces con el mismo ataque? -preguntó Alan mientras disipaba la verde defensa-.

- Gracias Alan, nos has salvado -mencionó Maxilis-.

- A partir de ahora, tened cuidado con ese cañón que tiene en el brazo derecho, parece tener material de kairoseki en él. -susurró Camilie-.

- ¡¿QUE CUCHICHEÁIS RATAS DE CLOACA!? -gritó desenfrenado el capitán desde la inminente altura concedida por la plataforma, mientras preparaba de nuevo su cañón azabache-.

De repente, Camilie disparó con su rifle de asalto al capitán, lográndose rozarle la oreja, lo que le distrajo el tiempo suficiente para que Maxilis pegara un brinco y mediante veloces movimientos pronunciara:

- ¡¡¡RÁFAGA GIRATORIA!!!

De las manos del gyojin, una potente ráfaga marina fue lanzada hacía el capitán aún presente en la plataforma, golpeándole y consiguiendo empujarle hasta caer al suelo, dejando la plataforma completamente vacía.

- Maldita escoria... -se lamentó el furioso capitán, tumbado en el suelo debido al golpe-.

- ¡Ahora aprovechemos! -exclamó Alan mientras se acercaba junto con Camilie y Maxilis al derrotado capitán-.

- ¡¿A donde os creéis que vais!? -exclamó de nuevo el capitán mientras se ponía de nuevo en posición de disparo-.

¡¡¡BOOM!!!, otro cañonazo fue disparado hacía los escurridizos piratas, volviendo a quedar una superficie contaminante de humo, en el exterior.

- Ya te dije... -añadió una silenciosa voz desde detrás del capitán- ¡¡¡Que no caeríamos en la misma trampa dos veces!!! - ¡¡¡AOKIGAHARA!!!.

Miles de ramas salieron disparadas de la misteriosa figura, que resultó ser Alan, golpeando al cruel capitán sin cesar. Maxilis y Camilie, quedaron asombrados por la determinación de victoria de Alan, que mataba el tiempo golpeando con sus frondosas ramas al capitán, a bocajarro. Tras varios minutos, Alan cesó su ataque y el capitán calló al suelo derrotado y escupiendo sangre.

- ¡¡Lo has conseguido Alan!! -exclamó Maxilis mientras abrazaba a este-.

- Ahora por fin podremos rescatar a Keni y salir de esta maldita isla -afirmó fría Camilie-.

Los tres piratas, partieron orgulloso a la base central de la marina para rescatar al aún cautivo hermano de Juan, pero de repente y sin que pudieran reaccionar, una granada de gran tamaño cayó a sus pies. Antes de que explotara, los piratas miraron detrás suya y vieron al capitán Dunford, esbozando su maligna sonrisa y con la mano en posición de lanzadera.

¡¡¡¡¡¡BOOOOOOOOOM!!!!!, la granada del codicioso capitán resonó en toda la isla, llegando a provocar una explosión de tal magnitud, que provocó un pequeño seísmo en la tierra.

Los tres piratas quedaron tumbados en el suelo, humillados ante el prepotente capitán que desde un ángulo razonable, observaba la escena. Ensangrentados y sin poder moverse debido a sus graves heridas, agonizaban en el rojo suelo.

El capitán avanzó hacía ellos poco a poco, pero sin desembozar su cruel sonrisa.

- He de admitir, que pese a vuestro estado actual, habéis demostrado ser más fuertes que yo, pero me temo que vuestra debilidad más grave es no rematar al enemigo cuando tenéis la ocasión. Normalmente os diría "con esto aprenderéis a fortalecer esta debilidad" pero me temo que no vais a vivir para poder hacerlo. Adiós, jóvenes piratas.

Dunford apuntó a los malheridos piratas y... ¡¡¡BOOOM!!!...

Base Central de la Marina

Sagitaurus, Caballero y Juan se dirigían con entusiasmo a las bases centrales de la Marina en la Isla Urbana, desde la distancia pudieron observar que había dos torreones diferentes, ambos de color azul marino, solo que uno de ellos era relativamente más alto que el otro.

- Por allí se pueden ver las bases centrales, mirad -exclamó Caballero señalando a las dos torres gigantescas-.

- Perfecto, ahora solo tenemos un pequeño problema -añadió Sagitaurus-.

- ¡¿Cual!? -preguntó exaltado Juan-.

- No sabes en qué torre está tu hermano -contestó este- habría que arriesgarse por una.

- ¿Y si nos dividimos? -preguntó Caballero intentando aportar alguna solución-.

- Si nos dividimos perderemos capacidad de batalla -contestó Juan prudente- si nos encontramos solos frente a un enorme grupo de marines no podremos hacer nada, lo mejor será permanecer unidos y elegir una de las dos bases.

- Si no recuerdo mal, Keni es un pirata y como tal, es un prisionero valioso, no creo que lo tengan en la torre pequeña -confirmo mientras pensaba Sagitaurus- lo mejor será empezar a buscar por la torre más alta.

- Perfecto, entonces vamos a la torre mayor.

Los tres piratas avanzaron hasta encontrarse con ambas torres, que a sus ojos y desde la distancia, se veían inmensas. Al atravesar el inmenso prado que las separaba de la ciudad, se adentraron en la torre mayor, encontrando unas inmensas escaleras que con prudencia subieron, con la esperanza de no encontrarse con ningún Marine.

- ¿Seguro que este es el camino correcto? preguntó Juan preocupado por si no encontraban a su hermano-.

- Tranquilízate Juan -dijo Sagitaurus con palabras de calma- lo encontraremos.

- Eso espero... -suspiró-.

Tras subir y subir escaleras, llegaron al final de estas, encontrando imprevisiblemente, una sala completamente vacía.

- ¡¿Qué diantres es esto!? -preguntó resaltado Juan-.

- ¿Por qué habrá una sala vacía al final de una torre? -se preguntó Caballero mientras reflexionaba-.

El silencio provocaba eco en los corazones de los tres bucaneros, que pensaron instantáneamente que esa vacía sala estaba ocupada anteriormente por un prisionero y que debido a que ya no estaba, a la única reflexión que llegaron es que alguien se lo había llevado a la horca.

- Hemos llegado tarde... -se lamentó Sagitaurus-.

- ¡NO! ¡ME NIEGO A RENDIRME! -exclamó Juan- Todavía tiene que haber alguna esperanza de salvar a mi hermano... tiene que haberla...

El silencio volvió a agarbarse en la silenciosa sala, hasta que un fuerte golpe proveniente de un cañón eclosionó en el pináculo de esta... ¡¡¡BOOOM!!!

- ¡¿Qué ha sido eso!? -preguntó atónito mientras se reincorporaba de la caída sufrida debido al impacto Caballero-

- Parece ser un cañonazo -confirmó preocupado Sagitaurus- ¡Nos atacan!

- ¡¿Como han podido darse cuenta de que nos colamos en la base!? -exclamó Juan mientras maldecía su suerte-.

- Alguien nos debió haber visto -afirmó Caballero- tuvimos que haber sido más precavidos.

- Vaya, vaya, vaya -resonó una profunda voz desde los pies de la torre -veo que algunas ratas se nos han colado-.

Los tres piratas se asomaron al balcón de la misteriosa habitación y vieron a un escuadrón marine acompañado de el cruel capitán Dunford.

- ¡Empezad a destruir la torre! -ordenó este último a sus subordinados marines-.

- ¡¿Destruirla!? -preguntaron los soldados atónitos-.

- Sí, inútiles, he dicho destruirla ¿acaso no me has escuchado bien? -preguntó amenazante el capitán-.

- Como desee, capitán... -confirmaron los soldados cabizbajos y sin atreverse a preguntar el motivo-.

El escuadrón rápidamente pusieron en posición los cañones que Dunford les había ordenado llevar y sin remordimiento empezaron a disparar contra la torre donde Sagitaurus, Caballero y Juan se encontraban.

- ¡AL SUELO! -gritó Sagitaurus mientras junto con Caballero y Juan se intentaban poner a cubierto para evadir los cañonazos-.

- ¡No podréis escapar ratas! -gritó con fuerza Dunford- ¡Seguid disparando, no paréis!

Los potentes cañonazos estaban destrozando la gran torre, que ya estaba en ángulo curvado y apunto de ser derribada.

¡Seguid, seguid, seguid! -exclamó Dunford sin intención de detener su orden-.

Inesperadamente, una creciente hoja forjada con relámpagos atravesó las entrañas del ajusticiero capitán, provocándole un aullido de dolor resonante en las zonas cercanas.

- Detened el bombardeo o remato a vuestro querido capitán -amenazó una misteriosa pero cálida voz desde la espalda de Dunford-

- ¡PARAD! -gritó nervioso Dunford a sus subordinados, mientras en su cara se tornaba una expresión de cobardía y temor-.

Los marines cesaron el bombardeo muy a su pesar y a la orden de la misteriosa voz acechante, se desarmaron, tirando sus armas al suelo con sutileza.

- ¡¿Quien diablos eres!? -preguntó asustado el capitán explotador-.

- Deberías reconocerme, preciado capitán Dunford -contestó la misteriosa voz mientras sacaba la espada del torso del maniático capitán- soy Keni, Keni de los Rayos.

La Disolución de la Contienda

El rostro del capitán quedó abordado de sorpresa y temor en el momento que el electrizante pirata susurró su renombrado apodo.

- Maldito... ¡Tú deberías estar en la plataforma de ejecución en este mismo instante! -exclamó Dunford, que, mediante bruscos movimientos, cayó al suelo, derrumbándose mientras quedaba bañado en su propia sangre-.

- ¿Con el follón que hay crees de verdad que es difícil escaparse? -preguntó perspicaz Keni-.

- ¡KEEEEENIIIIIIII! -gritó su hermano Juan desde el inclinado torreón-.

- ¡HERMANOOOOO! -contestó a voces Keni, emocionado- ¡Baja de esa torre, rápido, esta apunto de derrumbarse!

Juan hizo caso a su hermano pequeño y bajó junto con Sagitaurus y con Caballero, el elevado torreón hasta situarse al lado de Keni.

- ¡¿Como narices te dejaste atrapar, inútil!? -preguntó enfadado Juan, mientras golpeaba a su hermano menor-.

- Verás... yo...

- ¡No hay excusas!, seguramente te despistaste como de costumbre y te capturaron -replicó Juan mientras echaba la bronca a su sonriente hermano-.

Los marines que acompañaban al ahora malherido capitán, quedaron atónitos al ver la familiar escena y sin tener tiempo ni siquiera a reaccionar, una asfixiante llamarada salida de la boca de Caballero los carbonizó.

- Bien -suspiró Sagitaurus- creo que deberíamos dejar atado al capitán Dunford, aún que esté inconsciente debido al ataque de Keni, nunca se sabe lo que puede llegar a pasar.

Tras encadenar al malicioso capitán a un palo a lomos de la base marine, Caballero, Sagitaurus, Juan y Keni se marcharon del lugar en búsqueda de sus compañeros perdidos, a los que encontraron millas más lejos, en un estado realmente lamentable.

- ¡¿Que diablos les pasó!? -preguntó con resalto Juan- están muy malheridos.

- Al parecer la batalla contra Dunford fue extremadamente dura -confirmó Sagitaurus al ver a sus tres compañeros piratas tirados en el suelo-.

- Conociéndole, seguro que usó una de sus maquiavélicas tretas para derrotarles -replicó Keni furioso-.

Lentamente y procurando tener cuidado, Sagitaurus, Caballero y Juan cargaron con sus malheridos compañeros, Maxilis, Alan y Camilie, respectivamente.

- Keni ¿por que no ayudas a cargarles? -preguntó furioso Juan-.

- Lo siento, pero yo soy el menor -contestó picaresco Keni-.

Los Piratas de la Brisa Marina, ahora completos, caminaron por los pasadizos de la ahora vacía isla, debido al gran conflicto sucedido en la plaza principal de esta, mientras caminaban, iban recordando los acontecimientos sucedidos a lo largo de esta flamante primera aventura.

Cerca del puerto donde habían anclado su barco; El Furia Marina, vieron desembarcar dos barcos de blanca vela con la insignia de la marina tatuada en esta. Cientos de soldados marines, salieron armados de los grandes buques de guerra hasta llegar a la plaza principal, deteniendo y disolviendo por completo la contienda sucedida por los incompetentes y crueles actos del capitán Dunford, que enseguida, fue encontrado en su encadenamiento por estos mismos marines, que tenían la orden de arrestarle por los delitos de abuso de poder, acometidos contra sus subordinados. El malvado capitán fue condenado, acto seguido, a ser prisionero en el Impel Down, asegurándose de que pague sus crímenes con justicia.

Al fin y eludiendo a los dos buques marines, los Piratas de la Brisa Marina llegaron a su ansiado barco, listos para partir ahora, con un nuevo camarada: Monkey D. Keni.

Repercusión del Conflicto

El conflicto acaecido en la Isla Urbana, tuvo un importante impacto en el East Blue, los periódicos de todos los medios anunciaban la masacre sucedida en la isla y la detención del malvado capitán Dunford, en los grandes titulares se encontraban los Piratas de la Brisa Marina, que fueron tachados por criminales y junto con Dunford, los culpables de la masacre. Este hecho movilizó todo el East Blue y llegó hasta los oídos de los grandes cuarteles del Gobierno Mundial, concretamente, en Mariejoa, donde los cinco ancianos o  Gorosei se encontraban reflexionando sobre el futuro de los bucaneros.

- ¿Qué medidas debemos tomar contra estos prepotentes piratas? -pregunto un viejo anciano a sus compañeros de mesa-.

- Creo que habría que comunicar a los grandes cargos marines que exijan unas recompensas por cada uno de sus peligrosos miembros, todos y cada uno de esos violentos piratas han de ser capturados sin parangón -añadió otro- por lo que tengo entendido, la banda cuenta con siete miembros, con el aparente capitán Alan, aparente segundo al mando Maxilis "Puño Marino", Caballero "El Monstruo Blanco", Sagitaurus, Tsuki Camilie "Luz de Luna", y los dos famosos hermanos, Portgas D. Juan "Llama Infernal" y Monkey D. Keni "De los Rayos".

- Estoy de acuerdo con esa medida -confirmó otro de los ancianos- creo que deberíamos romanizar a esa banda como "Los Perturbadores de la Paz", eso hará más creciente el miedo de los ciudadanos y más crecientes las furtivas ganas de captura de los cazarecompensas.

Finalizado el tema, los ancianos disolvieron la reunión, dando paso este hecho a la fama y reconocimiento por parte del mundo a los Piratas de la Brisa Marina.

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